Nov 02 2026
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Con apenas 20 años, el lanzador mexicano protagonizó el juego sin hits número 41 de la Liga Mexicana del Pacífico.

SANTO DOMINGO, RD (Nelson de la Rosa–Prensa CBPC).- Un año después de someterse a una cirugía de reconstrucción de ligamentos en el codo derecho, Randy Gálvez protagonizó una de las noches más importantes de su carrera. El 2 de noviembre de 2000, ante los aficionados de su natal Guasave, el lanzador mexicano dejó sin hits ni carreras a los Mayos de Navojoa y condujo a los Algodoneros a una victoria 4-0 en el estadio Francisco Carranza Limón.

Gálvez tenía apenas 20 años cuando completó las nueve entradas y consiguió el juego sin imparables número 41 en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico (LMP), convirtiéndose además en el noveno lanzador que alcanzaba esa distinción con Algodoneros.

La actuación tuvo un significado especial porque el derecho, nacido en Guasave y formado en la comunidad de Estación Bamoa, había atravesado dificultades para recuperar su carrera después de una lesión sufrida cuando pertenecía a la organización de los Dodgers de Los Ángeles.

Según la guía oficial de los Dodgers del año 2000, Gálvez fue sometido a una cirugía de reconstrucción del ligamento del codo derecho el 1 de marzo de 1999, intervención que lo mantuvo alejado de los terrenos durante buena parte de su proceso de recuperación.

Su regreso encontró una recompensa extraordinaria aquella noche de noviembre, cuando fue retirando bateadores sin permitir que ninguno conectara de imparable.

Años después, en una entrevista concedida a Línea Directa, Gálvez recordó que comenzó a comprender la magnitud de su actuación cuando observó la pizarra al acercarse el octavo episodio.

La tensión aumentó en el noveno, cuando los aficionados se pusieron de pie para acompañar los últimos tres outs. Primero dominó a Alejandro Ahumada mediante una línea a tercera base y luego recibió un rodado hacia el montículo que él mismo tuvo que fildear.

El lanzador recordó que sintió temblar su brazo al realizar el tiro a primera, consciente de que estaba muy cerca de completar la hazaña. Finalmente, un ponche cerró el encuentro y desató la celebración de sus compañeros y de los aficionados.

Gálvez también destacó posteriormente el trabajo del receptor Adán Muñoz, quien lo acompañó detrás del plato durante las nueve entradas y contribuyó a preservar el dominio sobre los bateadores de Navojoa.

Al finalizar la temporada 2000-2001, acumuló ocho triunfos y cuatro derrotas, con efectividad de 3.02 en 92 entradas, convirtiéndose en el primer pitcher de Algodoneros que conquistaba un liderato de juegos ganados.

Aquella actuación no fue solamente una marca estadística. Representó la recuperación de un prospecto que había visto interrumpida su carrera por una lesión y que encontró, ante los aficionados de su propia ciudad, una de sus mayores satisfacciones profesionales.

Veintiséis años después, el juego sin hits de Randy Gálvez permanece entre los episodios más recordados de los Algodoneros de Guasave y de la pelota invernal mexicana, como ejemplo de perseverancia y de la oportunidad que ofrece el béisbol para regresar después de una etapa difícil.

Fotos: Algodoneros de Guasave / Redes sociales

 

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