Santo Domingo, RD (Nelson de la Rosa/Prensa CBPC);- Hablar de Mako Oliveras es hablar de béisbol caribeño en su estado más puro: intuición, carácter, picardía y una lectura humana del juego que pocas veces aparece en las estadísticas. Su legado en la Serie del Caribe va mucho más allá de los campeonatos y récords; vive en las decisiones que tomó bajo presión y en las historias que hoy, con el paso del tiempo, él mismo ha decidido compartir.
Oliveras es uno de los dirigentes más exitosos en la historia del clásico caribeño, bicampeón del torneo (Mazatlán 1993 y Santo Domingo 2000) y poseedor de 26 victorias y 22 derrotas en 8 participaciones. Sin embargo, su figura se entiende mejor cuando se escuchan —o se leen— sus ocurrencias, muchas de ellas rescatadas recientemente en su espacio personal de Facebook, Desde mi Dugout.
Una de esas historias nos transporta precisamente a la Serie del Caribe de Santo Domingo 2000, en un momento de máxima tensión, cuando Puerto Rico estaba metido en un serio problema frente a República Dominicana y en el plato se encontraba un bateador de respeto: Adrián Beltré. La anécdota, contada por el propio Mako, dice así:
“Continuando con la Serie del Caribe 2000, donde ocurrieron unas cuantas cosas que muchos aficionados desconocen. Me pidieron que contara lo del pitcher Monaguillo Rivera y aquí le voy, más o menos. El partido se apretó y se encontraba en turno el gran Adrián Beltré con hombre en segunda y tercera, con dos outs. Yo tenía calentando en el bullpen a Monaguillo Rivera.
Salí del dugout haciendo una seña al coach del bullpen. La gente se preguntaba qué era lo que yo estaba haciendo porque unía mis manos como orando, y esa era mi manera de comunicarme con el bullpen pidiendo al Monaguillo. Lo traíamos en una situación bien difícil, en especial para un joven lanzador.
Cuando llegó a la loma de los suspiros, lo primero que le pregunté: ‘¿De dónde tú eres?’ Me contesta: ‘De La Perla’. Le digo: ‘Las personas de La Perla son coj… (muy valientes)’. Me dijo que así era. ‘Demuéstramelo’, le dije.
En la reunión estaban todos los infielders y Eddie Pérez me dice: “Mako, vamos a tratar la jugada tuya de decir que lo vamos a embasar por boleto y le tiramos una recta por el medio”. “- Si llegamos a dos strikes, lo intentaremos”, les dije.
Monaguillo se fajó con Beltré y la cuenta llegó a tres y dos. Nos miramos y todos estábamos en la misma página.
Me paro y, gritando, pido que lo pusieran en primera. Por poco no sale. Beltré a última hora le hizo swing a la bola, pudo hacer contacto y seguir con vida. Al otro lanzamiento conectó rola a Edward Guzmán y logramos salir del hoyo.”
La historia resume perfectamente el estilo de Oliveras: confianza en sus jugadores, manejo emocional, lectura del momento y una pizca de teatralidad que muchas veces desconcertaba al rival… y al público.
Ese tipo de decisiones, que no siempre se explican en una hoja de anotaciones, son las que han convertido a Mako en una figura distinta dentro del béisbol caribeño. No solo dirigía jugadas; dirigía momentos, personas y emociones.
Hoy, al compartir estas vivencias desde su propio “dugout” digital, Oliveras mantiene viva la memoria de una época donde el béisbol se ganaba tanto con estrategia como con carácter. Y confirma, una vez más, que sus ocurrencias no eran improvisaciones, sino parte de una manera muy suya —y muy caribeña— de entender el juego.