SANTO DOMINGO, RD (Nelson de la Rosa–Prensa CBPC).- El 27 de octubre de 2002, el béisbol le regaló a la familia Molina dos motivos extraordinarios para celebrar, separados por miles de kilómetros, pero unidos por años de sacrificios y una misma pasión.
Mientras Bengie Molina disputaba con los Angelinos de Anaheim el séptimo y decisivo partido de la Serie Mundial, su padre, Benjamín Molina Sr., recibía en Puerto Rico un reconocimiento por su trayectoria en el béisbol aficionado.
Aquella noche, hace 24 años, Anaheim derrotó 4-1 a los Gigantes de San Francisco y conquistó el primer campeonato de Grandes Ligas de su historia. Bengie fue protagonista de la victoria. Pero la celebración había comenzado mucho antes de que los Angelinos realizaran el último out.
El padre que nunca dejó de llevarlos al terreno
Detrás de las carreras de Bengie, José y Yadier Molina estuvo un padre que encontraba tiempo para enseñarles béisbol después de largas jornadas de trabajo.
En un reportaje publicado por The Washington Post el 20 de octubre de 2002, Bengie recordó que su padre comenzaba a trabajar a las seis de la mañana, regresaba a casa alrededor de las cuatro de la tarde y una hora después ya estaba llevando a sus hijos al terreno.
Benjamín Molina Sr. había destacado como segunda base en el béisbol aficionado puertorriqueño y, precisamente el 27 de octubre de 2002, fue exaltado al Salón de la Fama de esa disciplina en Puerto Rico, según confirma MLB.com.
La coincidencia convirtió aquella fecha en una celebración familiar poco común: mientras el padre recibía el reconocimiento a su trayectoria, uno de sus hijos disputaba el partido más importante de su carrera.
Un doblete de Bengie y tres ponches del "Kid"
Los Gigantes de San Francisco tomaron ventaja en la segunda entrada del séptimo juego, pero Anaheim respondió con un doblete productor de Bengie Molina que permitió anotar a Scott Spiezio y empató el encuentro.
En el tercer episodio, Garret Anderson conectó un doblete con las bases llenas que impulsó tres carreras y estableció la diferencia definitiva.
Molina terminó con dos dobles, mientras el cuerpo de lanzadores de los Angelinos se encargaba de proteger la ventaja. Entre ellos sobresalió el venezolano Francisco "Kid" Rodríguez, entonces un joven relevista de apenas 20 años que había debutado en Grandes Ligas el 18 de septiembre de aquel mismo año.
Rodríguez trabajó el octavo episodio y ponchó a tres bateadores, antes de que Troy Percival completara el noveno y asegurara el campeonato. El venezolano terminó aquella postemporada con cinco victorias, una derrota y efectividad de 1.93 en 18 entradas y dos tercios.
También formaban parte de los Angelinos el receptor puertorriqueño José Molina, hermano menor de Bengie, y el lanzador dominicano Ramón Ortiz, quienes compartieron la conquista de Anaheim.
De la Serie Mundial a la Serie del Caribe
La celebración de 2002 también permite establecer una conexión con la Serie del Caribe.
Francisco Rodríguez integró a los Leones del Caracas que conquistaron invictos la edición de 2006, celebrada en Maracay y Valencia, Venezuela. El conjunto dirigido por Carlos Subero terminó con seis victorias sin derrotas, en una de las actuaciones más recordadas de la representación venezolana.
Por su parte, Ramón Ortiz fue una figura determinante de los Tigres del Licey en la Serie del Caribe de Santiago 2008.
El derecho dominicano ganó dos partidos sin derrotas, lanzó 11 entradas y dos tercios sin permitir carreras limpias y fue elegido Jugador Más Valioso del torneo, en el que Licey conquistó el campeonato con marca de 5-1.
Dos triunfos nacidos de una misma pasión
Para Bengie y José Molina, sin embargo, aquella noche de octubre conservó un significado familiar que trascendió la victoria sobre San Francisco.
Los hermanos celebraron juntos un campeonato de Grandes Ligas mientras, en Puerto Rico, su padre recibía el reconocimiento a una vida dedicada al béisbol.
Veinticuatro años después, el 27 de octubre de 2002 permanece como una fecha especial para una familia que encontró en el deporte un camino compartido.
Fue el día en que los Angelinos ganaron su primera Serie Mundial, dos hermanos puertorriqueños levantaron el trofeo y el hombre que les enseñó a amar el juego recibió su lugar entre los inmortales del béisbol aficionado de su país.
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