Santo Domingo, RD. -- (Nelson de la Rosa, Prensa CBPC).- En la presente temporada de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) Gilberto Celestino ha encendido una chispa que pocos esperaban ver con tanta consistencia en el corrido de bases. El jardinero de los Toros del Este acumula 13 bases robadas en 13 intentos, un ritmo perfecto que no solo habla de velocidad, sino de instinto, lectura y una confianza que crece juego tras juego.
En una liga donde el robo de bases nunca ha sido asunto menor, Celestino empieza a ser tenido en cuenta en conversaciones que tradicionalmente han pertenecido a nombres pesados. Y es que cuando un jugador arranca una temporada sin fallos a la hora de alcanzar una base más, inevitablemente surge la pregunta: ¿hasta dónde puede llegar?
En el circuito quisqueyano los libros recuerdan al mítico Miguel “Guelo” Diloné, dueño del récord de 44 robos en la temporada 1976-77, una cifra que parece escrita para permanecer por décadas. Más reciente en el tiempo, la liga celebró la proeza de Johan Rojas, quien firmó una de las rachas más limpias de los últimos años con 23 robos en 23 intentos en la campaña 2024-2025.
Para Celestino sus 13 de 13 representan no solo un liderato momentáneo: es una declaración de peligro constante. Cada vez que pisa la inicial, el duelo psicológico entre lanzador, receptor y corredor se inclina a su favor. Celestino no está robando bases por impulso; está robando porque ha aprendido “el arte” de hacerlo, especialmente a la hora de analizar los movimientos del pitcher rival, las potencialidades del brazo del cátcher y a escoger el momento exacto. Los Toros lo saben, sus rivales también.
¿Puede alcanzar a Rojas?
Si mantiene este paso y la salud lo acompaña, Celestino no solo puede acercarse: podría incluso amenazar el registro perfecto de 23 intentos sin fallos, una hazaña que lo pondría en territorio élite dentro del béisbol invernal. De momento, ya tiene más de la mitad del camino recorrido.
En cuanto al récord de Miguel Diloné ya eso es “harina de otro costal”. Aquellas 44 bases robadas parecen talladas en piedra. Pero Celestino puede hacer algo igual de valioso: meterse en la conversación, revalorizar el arte del robo en una liga donde cada estación de base es una batalla, y recordarle a la fanaticada que todavía hay velocistas capaces de alterar la estructura de un partido.
Cada temporada tiene sus historias. Está, por lo visto, encontró una en los pies rápidos y la cabeza fría de Gilberto Celestino.
Si mantiene este ritmo, la pregunta no será cuántas bases ha robado… sino quién podrá detenerlo.